El formato cuadrado es muy adecuado para centrar al sujeto protagonista de la fotografía, como en este caso un par de girasoles. Un diafragma muy abierto permite desenfocar el fondo y aislar más a los protagonistas.
En numerosas culturas, los girasoles simbolizan el Sol en la Tierra. Esta creencia se debe a que, supuestamente, pasan toda su vida mirando hacia él, sin embargo esto no es siempre así.
Mientras son jóvenes, el recorrido que realizan de forma diaria consiste en girar de este a oeste, como las agujas del reloj, siguiendo al sol. Una vez amanece se encuentran frente a él y van dando la vuelta y acompañándolo durante todo el día, hasta que cae la noche; entonces, los girasoles giran completamente hasta volver a su posición inicial con los primeros rayos de la mañana.
Pero no pasan toda su vida realizando este movimiento giratorio. El proceso únicamente se realiza en la primeras semanas de crecimiento, cuando el tallo no ha alcanzado su máxima longitud y las flores no se han desarrollado por completo; una vez alcanza la madurez dejan de moverse y permanecen estáticos mirando al este.
Este movimiento se denomina heliotropismo y asegura que la planta reciba la mayor cantidad de luz solar posible, siendo fundamental para la fotosíntesis y para estimular la producción de auxinas, una hormona de crecimiento que favorece el desarrollo de la planta que es muy rápido.
Canon R10+18-45mm; f/5.6; 1/400; ISO 100. Filtro polarizador.

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